¿Qué te impide ser carismático?

Como ya sabes, tu estado mental es crítico para demostrar lenguaje corporal carismático; sin embargo, existen ciertos obstáculos que pueden interponerse para que obtengas el estado mental adecuado para proyectar presencia, calidez o poder.

Incrementar tu carisma requiere saber cuáles son esos obstáculos internos que inhiben tu potencial carismático, así que hoy te hablaré sobre cuáles son estos obstáculos y cómo combatirlos eficazmente.

 

La incomodidad física

Imagínate estar sentado en un café al aire libre en una reunión de negocios muy importante. De pronto, el sol te cae en el rostro y el calor comienza a ponerse insoportable. En consecuencia, sudas y empiezas a aflojar el nudo de tu corbata y frunces el ceño para evitar que la luz te moleste. Finalmente, la negociación que tenías planeada no sale como esperabas y te preguntas por qué.

Nuestra incomodidad reacciona a los estímulos externos de igual manera que como reacciona con los estímulos internos. Es decir, para el mundo exterior, tus gestos de incomodidad física (calor y bochorno) pueden ser interpretados como gestos de enojo o desaprobación. Esta reacción en tu rostro será vista por la persona con la que estás interactuando y ella no podría estar al tanto de tu incomodidad física causada por el sol en tu cara. Por ello, sería natural que malinterprete tu tensión como una reacción negativa a lo que ésta acaba de decir; de hecho, esto es probablemente lo que sucedería, porque la mayoría de nosotros tendemos a interpretar eventos como si estuvieran relacionados a nosotros, independientemente de que así sea o no.

Cualquier incomodidad física que afecte tu estado externo visible, afectará qué tan carismático serás percibido. La incomodidad física no solo afecta tu estado externo, sino que también afecta tu estado interno. Algunas variables, como el hambre por ejemplo, dañarán tu performance en muchas formas, ya que usualmente no pensamos bien o nos cambia el carácter cuando tenemos hambre. Todo esto implica que se te será difícil colocarte en el estado mental adecuado para poder exhibir carisma.

Para combatir este obstáculo, debes realizar los siguientes 3 pasos:

 

1. Prevee

Planea de antemano para prevenir la incomodidad antes que ocurra. En mi opinión, esta es la manera más simple de obtener carisma. Al escoger una ubicación para una reunión, siempre considera la comodidad primero. Esto incluye la temperatura, ruidos molestos y estar correctamente alimentado. Piensa en tu nivel de energía y en el de las personas con las que interactuarás. ¿La reunión será muy temprano o muy tarde? Por otro lado, elige vestimenta que no te haga sentir mucho frío ni calor. Evita ropa que cause escozor, que no te quede bien o que distraiga en cualquier forma. Aunque no lo parezca, cualquier distracción consumirá parte de tu enfoque mental y afectará tu performance.

 

2. Reconoce

Verifica tu rostro cada cierto tiempo, percátate si está tenso. Aquí la habilidad para estar presente te ayudará una vez más. Mientras más presente estés, más notarás si tu cuerpo muestra tensión.

 

3. Toma acción

Si te das cuenta que algo causa tensión en tu rostro, haz algo al respecto antes que otros lo malinterpreten. Trata de poner remedio a la incomodidad, así como a la malinterpretación. En vez de ignorar la incomodidad, actúa y ponle remedio a la situación. Cuando sea tu turno para hablar, podrías pausar por unos segundos y decir: ¿Te importa si nos movemos un poco? El sol me está molestando un poco.

Cuando la incomodidad no pueda ser remediada, es importante no dejar que la otra persona se tome tu disconfort de manera personal. Tómate un momento para explicarle el motivo de tu incomodidad. Esto les permitirá a ambos superarlo rápidamente.

Recuerdo haber analizado hace un tiempo la primera transmisión del debate presidencial Nixon vs Kennedy realizada en 1960. A Nixon se le veía particularmente cansado (incomodidad interna expresada de forma física) mientras que a Kennedy se le veía más en forma y con mejor disposición. Además, Kennedy decidió usar maquillaje a diferencia de Nixon, mostrando un rostro impecable en todo momento en lugar de un rostro sudoroso como fue el caso de Nixon. Todo esto, fue decisivo para los espectadores, quienes por primera vez veían a los candidatos a través de su televisor. Aquella incomodidad, jugó en contra de Nixon y le dijo a los ciudadanos que algo no estaba bien.

Lógicamente, está de más mencionar quién ganó las elecciones 😉

 

Disconfort mental

La incomodidad psicológica, a pesar de que se origina por completo en la mente, se manifiesta tanto en el cuerpo como en la mente. Afecta cómo nos sentimos y cómo somos percibidos. Y surge de la ansiedad, la insatisfacción, la autocrítica o la duda. Todas estas son formas de negatividad interna, y cada una puede afectar nuestro potencial carismático. Saber cómo controlar el disconfort mental es aún más importante que saber cómo manejar el disconfort físico. Este es uno de los retos más desafiantes e importantes en el carisma.

 

Ansiedad causada por la incertidumbre

Esta es esa parte de nosotros que se angustia por no saber la respuesta de algo. Es es la falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando nos genera inquietud.

Robert Legi, director del Instituto Americano para Terapia Cognitiva, dice que sus pacientes frecuentemente reportan que preferirían un diagnóstico negativo a ser dejados en suspenso (aunque la incertidumbre permitiera cierto grado de esperanza positiva). Esta falta de habilidad de tolerar la incertidumbre tiene un precio, pues puede causar que tomemos decisiones prematuras, afectar nuestras negociaciones al hacer que hablemos más de la cuenta con tal de llenar los silencios, y lo más importante, es que puede llevarnos a sentirnos ansiosos. La ansiedad es un serio problema para el carisma, pues no nos permite estar presentes y puede disminuir nuestra confianza. Y todo esto se manifiesta en nuestro lenguaje corporal, disminuyendo así nuestra calidez.

Siempre que nuestro cerebro nos muestra ambigüedad, éste lo registra como una tensión, como algo que debe ser corregido antes de sentirnos cómodos de nuevo. Tendemos a sentirnos cómodos con lo familiar, a diferencia de lo desconocido. Saber cómo manejar la incertidumbre vale la pena no solo porque incrementa el carisma, sino porque la habilidad para estar cómodos con la incertidumbre y la ambigüedad resulta ser uno de los mejores predicadores de éxito en los negocios.

Para aliviar la ansiedad ante la incertidumbre, la técnica más efectiva que existe es la “transferencia de responsabilidad”. En ciertas situaciones, lo único que queremos saber es que todo saldrá bien y si podemos estar seguros de esto, la incertidumbre producirá mucho menos ansiedad.

Siéntate o recuéstate, relájate y cierra los ojos. Toma 2 o 3 respiraciones profundas. Mientras inhalas, imagínate llenando tu interior de calma y tranquilidad, y mientras exhalas, imagina que expulsas todas tus preocupaciones. Ahora, elige una entidad, esta puede ser dios, el destino, el universo o aquello en lo que creas. Imagínate levantando el peso de tus hombros de todo lo que te preocupa y colócalo sobre los hombres de la entidad que elegiste. Ahora, ésta tiene el control. Siente esa sensación de alivio al saber que ya no eres responsable por aquella situación que te preocupaba.

La próxima vez que notes que tu mente está obsesionándose por posibles desenlaces, intenta la “transferencia de responsabilidad”, así aliviarás gran parte de tu ansiedad.

El efecto de la “transferencia de responsabilidad” no desaparece la incertidumbre, sino más bien la hace menos incómoda. Ayuda a ser menos afectado por esta alejándote de los estados mentales y físicos que son negativos asociados con no saber. Aquí estamos usando el efecto placebo a nuestro favor. El cerebro no distingue imaginación de realidad.

 

Insatisfacción causada por comparación

Los seres humanos estamos inclinados a comparar por naturaleza. Al tener una experiencia, tendemos a compararla con nuestras experiencias pasadas, a la experiencia de otros o a la imagen ideal de lo que la experiencia debería ser. Esto se agudiza al tener muchas opciones y queremos elegir de la mejor manera optimizando el resultado. Cada parte de este ciclo, reduce nuestro carisma. El solo hecho de comparar y evaluar daña nuestra capacidad de estar completamente presentes y crea ansiedad debido a la presión de encontrar la mejor alternativa. Y una evaluación negativa, puede fácilmente colocarnos en un estado mental negativo, así como la insatisfacción, envidia o resentimiento. Aquí, la “transferencia de responsabilidad” aliviará cualquier disconfort causado por una comparación.

 

Autocrítica

Los atletas afirman que un mal estado mental afectará su performance sin importar que tan bien estén preparados físicamente. La negatividad psicológica puede tener consecuencias físicas muy reales. Es así que cuando nuestra voz interna empieza a criticarnos, puede sentirse como si estuviéramos bajo ataque, y ya que nuestro cerebro no distingue imaginación de la realidad, estos ataques se sentirán como un ataque real. Esto puede generar una reacción física automática llamada “la respuesta de lucha” o huida, haciendo que tu cuerpo dispare adrenalina y cortisol, que son las hormonas del estrés. Esto, además de elevar nuestro ritmo cardíaco y de respiración, apagará nuestro pensamiento cognitivo también; lo que quiere decir que el pensamiento inteligente se apaga temporalmente. Aquí, tu pensamiento analítico, creativo y tu capacidad de resolver problemas se ven afectados. Y esto también afecta como otros nos perciben.

Por ejemplo, en medio de una conversación, piensas algo como: “Esto que acabo de decir fue realmente tonto” ¿Qué crees que pasará con tu rostro? Tu expresión más que seguro se tensara. Recuerda, cualquier negatividad en nuestra mente se verá reflejada en nuestro rostro y la otra persona lo verá. Y ellos solo notarán que mientras les hablas, una expresión negativa cruzó por tu rostro. Naturalmente, asumirán que esa expresión fue una reacción hacia ellos, lo que dijeron o hicieron. Así es como la negatividad interna afecta tu lenguaje corporal y así tu carisma y tu performance.

La autocrítica es uno de los obstáculos más comunes del buen performance en cualquier área. Se le conoce como el “asesino silencioso de los negocios”, ya que muchos ejecutivos sufren de esto, pero pocos se atreven a mencionarlo.

 

Inseguridad

Es la falta de confianza en nuestra propia habilidad para conseguir algo, dudamos de nuestra capacidad de hacerlo o de aprender cómo hacerlo. O peor aún, el temor de que carecemos de algo esencial o necesario. Esto muchas veces se define como el “síndrome del impostor”, en donde personas competentes sienten que no saben realmente lo que están haciendo y temen que alguien los exponga como un fraude.

El «síndrome del impostor» es una experiencia que el 70% de la población ha experimentado en algún momento. Lo más interesante, es que este síndrome es frecuente en personas de alto performance.

La negatividad existe para obligarte a tomar acciones, ya sea para resolver un problema o salir de la situación. Las sensaciones de miedo o ansiedad están diseñadas para obligarte a hacer algo y hay momentos en que la incomodidad de estos miedos es altamente apropiada, como cuando nos encontramos en riesgo de vida o muerte; sin embargo, en el mundo de hoy, pocas situaciones ameritan una respuesta de lucha o huida.

En estos casos, nuestras reacciones instintivas funcionan en nuestra contra, por ejemplo, cuando nos paralizamos en medio de un examen o al tener miedo escénico. Aquí nuestro cuerpo reduce nuestra habilidad cognitiva cuando más lo necesitamos. En estas situaciones, solo recuerda que es una reacción completamente natural destinada a mantenernos a salvo. De hecho, algo de inseguridad puede ser saludable.

Por ejemplo, el “síndrome del impostor”, puede ser una gran herramienta motivacional, haciendo que trabajemos más duro que los demás. Sin embargo, el costo puede ser grande, y es por esto que resulta mucho mejor aprender a manejar el “síndrome del impostor” y ser motivados por confianza en nuestras habilidades y la recompensa de los logros. Aprender a manejar este síndrome y nuestro crítico interno, es esencial para manejar nuestro potencial carismático.

 

 

 

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